-¡Sofíaaa!
-Hola Kate.
-¿Qué te pasa?
-Llévame a casa, por favor. -Dijo con una lágrima cayendo sobre su cara.-
-De acuerdo.
El camino de vuelta al piso de las muchachas fue algo incómodo, no hablaron. La verdad es que Sofía tenía unas ganas inmensas de llegar a casa para poder contarle todo o ocurrido la noche anterior a su amiga. Se encontraban a un cuarto de hora en coche, y para que no se le escapara nada antes de tiempo decidió no hablar nada de ayer con Katherine mientras iban en el coche. No estaría segura de lo que sería capaz de hacer Katherine, con estos temas, a sufrido mucho, y no quiere que yo pase por lo mismo. Aunque ella tenga 19 ya, un año y unos pocos meses no era escusa para justificar que haya sufrido más que ella. Realmente Katherine no sabe algunas cosas muy importantes sobre su vida. Sin embargo, si de amor se trata, Sofía sabía de memoria cada paso que ha dado Katherine. Aunque si hablamos de familia, u otros temas, sería justo al contrario. Cada una tenía sus particularidades, y por eso encajaban tan bien, eran diferentes, y eso las hacía iguales.
Katherine, ha sufrido muchos desamores, pero hacía ya 2 años desde que Sofía no sabía nada nuevo. Es decir, ¿en todo ese tiempo Katherine no había estado con nadie? No. No lo había estado. Su amiga solo la tenía a ella. Y no quería a nadie más. No recuerda que Katherine estuviera con nadie, pero si recuerda la cantidad de pretendientes que ha tenido. Todos rechazados. Era una chica dificil. Una chica guapa. Era alta, tenía el pelo dorado, y los ojos azul. Un azul tan intenso que con tan solo una mirada podía llegar a cautivarte. Era una chica divertida, dispuesta a todo, no conocía límites, solo pensaba en disfrutar. Vivir la vida era su único propósito.
Por fin llegaron al piso y le podría contar todo. Por fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario